martes, 13 de octubre de 2009

Festival Chiapa de Corzo, batalla 21 de octubre de 1863

Batalla del 21 de octubre de 1863 Chiapa de Corzo, Chiapas.

El 21 de octubre de 1863 es una fecha de gran importancia en la historia de Chiapas. Para comprobar esa importancia basta citar que tiene firme relación con los acontecimientos de la historia nacional. Siendo Ángel Albino Corzo era el más firme baluarte del liberalismo en Chiapas.
Las fuerzas reaccionarias en nuestro estado abanderaban la oposición a los principios del movimiento de Reforma y eran capitaneados por el traidor Juan Ortega, quien elaboró el Plan de Yalmús1 para invadir el territorio chiapaneco, empezando por la ciudad de San Cristóbal Las Casas, en donde obtendría recursos para su lucha reaccionaria.
La heroica ciudad de San Cristóbal cayó en manos de los reaccionarios que capitaneaba el traidor Ortega, quien exhibió su cobardía al abandonarla tan pronto supo que Ángel Albino Corzo marchaba al frente de sus tropas para rescatarla. El saqueador e incendiario de la ciudad se reorganizó y volvió a tomarla con más lujo de fuerza y crueldad, haciendo de San Cristóbal la capital del imperio.
Dominaron la mayor parte del estado, les faltaba Chiapa de Corzo y Tuxtla Gutiérrez; esta última, capital legítima reconocida por los liberales. Unidas estas ciudades nombraron al coronel Salvador Urbina para dirigir la defensa patriótica de la democracia. Para no ser sorprendido por los imperialistas, el coronel Urbina preparó la defensa de la ciudad de Chiapa de Corzo, haciendo de antiguas iglesias situadas estratégicamente, verdaderos fuertes llamados, desde entonces, Libertad, Independencia y Zaragoza para representar así las nobles causas del movimiento, incluyendo el apellido del defensor de Puebla, el que luchó contra las tropas francesas, de las cuales algunos grupos se unieron a Ortega, vía Tabasco.
El 27 de septiembre todo estaba listo y la bandera de las tres garantías fue izada en cada uno de los fuertes.
Cuando Ortega estaba ya cerca de Chiapa, pidió la rendición de la plaza, amenazando que de no claudicar la tomaría por la fuerza y derrumbaría la pila colonial. Nada doblegó a Urbina y el pueblo se le unió con patriótica decisión, no sólo los hombres, sino las mujeres que desempeñaron un brillante papel como auxiliares de la tropa defensora. El ataque enemigo se inició con furor, la defensa se hizo con patriótica decisión. Toda la noche del 20 de octubre duró la batalla más sangrienta en el fuerte de la Libertad. Al amanecer, la batalla se extendió por todas partes, pero el enemigo fue rechazado, no sin dar muestras de arrojo y valentía.
No fue, pues, una batalla fácil. Sólo la firme decisión liberal de los defensores los hizo triunfar, por eso debe recordarse el patriotismo de Salvador Urbina, Zenobio Aguilar, Julián Grajales, Isidro Castellanos y otros valientes soldados. Desde el cerro del Calvario los enemigos disparaban fuertes y certeros cañonazos sobre las fuerzas liberales. El teniente coronel Isidro Castellanos preparó su propio cañón y dijo: “El cañón enemigo no volverá a disparar jamás”. Y así fue porque el tiro fue certero y destruyó la cureña del cañón enemigo.
Ese cañón está en Chiapa y es mudo testigo del heroísmo de las fuerzas defensoras y de la tenacidad y terquedad de los orteguistas, emisarios de las tendencias oscurantistas y traidoras.Ortega también tenía jefes y oficiales a su mando. Pedro Torres fue uno de ellos y luchó en los momentos finales, pero fue derrotado y muchos de sus soldados se tiraron al río.
Ortega ordenó la retirada y las tropas de Urbina, como las de Zaragoza, “se cubrieron de gloria”.
 Y flotaron los cadáveres en el río, como débiles símbolos de que la fuerza de la libertad y del patriotismo arrastra con todo lo que se le opone.
 Y Urbina informó que sus tropas “dejaron bien puesto el honor del gobierno, asegurando el porvenir de los pueblos…”
 Y Chiapa de Corzo fue tumba de ambiciones imperiales. Y sus templos, transformados en fuertes, contemplaron la luz de la libertad. Y sus heroicos defensores, sus guías preclaros, sus soldados anónimos, viven en la conciencia liberal de todos los pueblos.
 
fuente: www.bibliotecachiapas.gob.mx